Apuntes en torno al dibujo


El dibujo es una de las pocas labores constitutivas de la actividad artística que ha sido practicada casi por todas las personas ajenas al arte en algún momento de su vida. Incluso la lógica del dibujo hace parte de distintos campos profesionales dentro de los cuales el arte no es necesariamente el más central. Por esa razón, los artistas que trabajan actualmente dentro del dibujo han redefinido sus alcances conceptuales y han analizado con mucha más atención la amplitud cultural que rodea su práctica. Carolina Rodríguez ha asimilado el dibujo a estos códigos amplificados y por ese motivo sus imágenes parecen cercanas a diversos referentes culturales a la vez. Sus dibujos no se circunscriben de ninguna forma al terreno convencional del arte (o a la historia del arte) sino que dialogan con una cultura visual, mucho más
amplia y significativa, que abarca distintas esferas del campo social y cultural. El dibujo, en ese orden de ideas, le permite un acercamiento relajado a las convenciones estéticas atadas al mundo del arte con mayúscula, así como una identificación y transformación de referentes culturales presentes en otros mundos.
Para analizar sus obras es importante considerar que su parecido con la morfología gráfica de las imágenes hechas por los niños, tiene un sesgo crítico que se origina en el cierto desden que caracteriza el rumbo e intensidad de sus trazos. Cuando un niño intenta representar cualquier hecho en un dibujo trabaja duro, con esfuerzo y con muchísima dedicación que llegan a resultados formales que podemos ver (no sin miopía) como descuidados.
Cuando una artista como Carolina Rodríguez propone trazos cercanos en apariencia a los de los niños, evidentemente esta empleando otro tipo de principios de configuración, que responden a otros intereses. Por eso sus dibujos desnaturalizan la idea de imitación en el arte, y proponen una suerte de mímica cultural que podría conectarse con las ideas propuestas por Georges Bataille respecto al parecido entre las imágenes infantiles y el arte primitivo (la pintura rupestre sobre todo) que mostraban que el juego que se mueve tras la representación tiene que ver con placeres positivos y negativos. Después de todo no se puede crear un dibujo sin destruir una superficie vacía.

 

Jaime Ceròn. Bogotá, abril de 2009

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